The Opportunity to Say “You”

God acts and comes to meet us through the fabric of reality, transforming every relationship through the impetus of a direct and personal ‘You.
— Simone Riva

Simone Riva - Habit and distraction are the primary weapons used to forget the Mystery of God. Lent serves as a vital reminder of the truest "You" of all.

If we can momentarily overcome the risk of habit—so typical of repetitive routines—and push past our distractions to give the weight of truth to our words, we can recognize our most radical inner needs. We cannot let the opportunity of this coming Lent slip away. In his Message for Lent 2026, Pope Leo XIV defined this season as a time to “put the mystery of God back at the center of our lives.”

To put the Mystery of God back at the center, He must have already occupied that place within us at some point. We can verify this in an instant: when He is at the center—that is, when the grace of His Presence is before our eyes—life takes an unexpected turn and becomes unmistakably intense.

Lent, therefore, is the ideal time to engage in an "exercise of memory," a powerful antidote to the poison of forgetfulness. As Luigi Giussani wrote:

“How rare is this ‘You’ in our daily discourse—a ‘You’ more profoundly true than the one you say to your child, your wife, or your husband. May the meaning of the world and of life totally overwhelm and overflow our ways of thinking, measuring, and demanding! This meaning coincides with the Mystery of happiness and goodness that bears a name because it became incarnate—one of us—and remained among us. Saying ‘You’ to this Presence should become our most pressing daily need—the impetus of a relationship that transforms all others. Whether saint or sinner, we must never forget that what defines us as sinners is, above all, a global forgetfulness. At twenty, thirty, or forty years old, this forgetfulness is no longer the almost endearing innocence of a child.” (A Mystery of Presence, Forgiveness, and Resurrection, 1997).

When have we recently seen this happen before our eyes, moving us to say to Him, “You”? Realizing that this is our primary urgency leading up to Easter should fill us with tenderness toward ourselves. Only then can we fully embrace the Pope's invitation to rediscover the joy of listening: “He is an engaging God, who still reaches us today with thoughts that make the heart vibrate. Listening to the Word in the liturgy educates us to truly listen to reality” (Leo XIV, Message for Lent 2026).

Forgetfulness and distraction are the allies of abstraction. When we drift, everything—even the most decisive truths—vanishes into speeches and empty concepts. God, however, meets us through the very fabric of reality. Breaking down the barriers that hinder the dialogue between our hearts and reality is essential if we are to avoid missing out on the best of life. Without this dialogue, these barriers quickly transform into a "weaponized" stance against the most obvious "enemy": the other.

The Pope renews his radical invitation to live this season fruitfully:

"I invite you to a very concrete and often overlooked form of abstinence: abstaining from words that strike and wound our neighbor. Let us disarm our language, renouncing sharp words, snap judgments, and gossip. Instead, let us strive to cultivate kindness in our families, workplaces, and social media. Then, words of hatred will give way to words of hope."

We see immediately that this is not a matter of mere etiquette or "good manners." It is a personal verification of the presence of that “You,” of which every “other” person is an image. This is the great wager of our lives.

  • La ocasión para decir «Tú».
    Simone Riva

    La costumbre y la distracción son las principales armas del olvido del Misterio de Dios. La Cuaresma es el momento para recordar el Tú más verdadero de todo

    Si por un momento superamos el riesgo de la costumbre, típico de las cosas que se repiten y de nuestra distracción, si dejamos que las palabras más verdaderas tengan su justo peso, si miramos la necesidad más radical que guardamos en nosotros mismos, no podemos dejar pasar la oportunidad que nos brinda la próxima Cuaresma. El Papa León, en su Mensaje para la Cuaresma 2026, la definió como el tiempo para «volver a poner el misterio de Dios en el centro de nuestra vida».

    Para volver a poner en el centro el misterio de Dios, es necesario que en algún momento ya haya ocupado ese lugar en nosotros. Podemos verificarlo en pocos instantes porque cuando Él está en el centro, es decir, cuando se produce la gracia de su Presencia ante nuestros ojos, las cosas toman un giro inesperado y adquieren una intensidad inconfundible.

    La Cuaresma se convierte así en el tiempo propicio para realizar, ante todo, un ejercicio de memoria, antídoto formidable contra el veneno del olvido. «Qué escaso es en nuestro discurso cotidiano este «Tú», que es más profundamente verdadero que el tú que le das a tu hijo, a tu esposa y a tu marido, que el tú que nos damos entre nosotros.

    Que el significado (o la verdad) del mundo y de la vida trastorne totalmente, exceda totalmente, desborde totalmente nuestras formas de pensar, de medir, de exigir, de pretender, coincidiendo con el Misterio de felicidad y de bien que lleva un nombre porque se encarnó, se hizo uno de nosotros y permaneció entre nosotros! Decir «tú» a esta presencia debería convertirse en la necesidad más apremiante del día a día, el impulso de relación que atraviesa, haciéndolas diferentes, todas las relaciones; sea quien sea, sea como sea, santo o pecador, sin olvidar nunca que lo que define nuestro ser pecador es soberana, profunda y globalmente el olvido, que a los veinte, treinta, cuarenta años, no puede ser el del niño, que casi da ternura» (Luigi Giussani, Un misterio de presencia, de perdón y resurrección, en Tertium Millennium, n. 5, noviembre de 1997).

    ¿Cuándo nos ha ocurrido verlo suceder recientemente ante nuestros ojos, hasta el punto de poder decirle «Tú»? Que la primera urgencia del tiempo que precede a la Pascua sea esta, no puede sino llenarnos de ternura hacia nosotros mismos. Solo así es posible comprender hasta el fondo la invitación del Papa a recuperar el gusto por escuchar: «Es un Dios envolvente, que hoy también nos alcanza con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, escuchar la Palabra en la liturgia nos educa a una escucha más verdadera de la realidad» (León XIV, Mensaje para la Cuaresma 2026).

    El olvido y la distracción tienen como aliada la abstracción. Todo se desvanece en discursos, conceptos y elucubraciones, incluso las cosas más decisivas. Dios, en cambio, actúa y viene a nuestro encuentro a través de las tramas de lo real. Derribar la barrera que a menudo obstaculiza en nosotros ese diálogo intenso que el Creador ha querido entre nuestro corazón y la realidad, se convierte en la pregunta más radical para no perdernos lo mejor de la vida. Barrera que rápidamente toma la forma de un soldado armado y violento contra el enemigo más obvio: el otro.

    El Papa relanza precisamente sobre esto su invitación radical a vivir con fruto este tiempo: «Quisiera invitaros a una forma de abstención muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de las palabras que golpean y hieren a nuestro prójimo. Comencemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras cortantes, al juicio inmediato, a hablar mal de quien está ausente y no puede defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en los lugares de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación, en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz» (ibídem).

    Comprendemos inmediatamente que no se trata de una cuestión de buena educación o amabilidad, sino de la verificación personal de la presencia de ese «Tú» del que cada «otro» es imagen. ¡Qué apuesta!

  • L’occasione per dire “Tu”.

    Simone Riva

    Abitudine e distrazione sono le principali armi della dimenticanza del Mistero di Dio. La quaresima sia tempo per fare memoria del Tu più vero di tutto

    Se per un attimo superiamo il rischio dell’abitudine, tipica delle cose che si ripetono e della nostra distrazione, se lasciamo alle parole più vere il loro giusto peso, se guardiamo al bisogno più radicale che custodiamo in noi stessi, non possiamo lasciarci scappare l’occasione che è la prossima Quaresima. Papa Leone, nel suo Messaggio per la Quaresima 2026, l’ha definita come il tempo per “rimettere il mistero di Dio al centro della nostra vita”.

    Per rimettere al centro il mistero di Dio occorre che qualche volta abbia già occupato quel posto in noi. Lo possiamo verificare in pochi istanti perché quando Lui è al centro, cioè quando accade la grazia della sua Presenza davanti ai nostri occhi, le cose prendono una piega insperata e divengono di un’intensità inconfondibile.

    La Quaresima diventa così il tempo propizio per compiere anzitutto un esercizio di memoria, antidoto formidabile contro il veleno della dimenticanza. “Come è rarefatto nel nostro discorrere quotidiano questo ‘Tu’, che è più profondamente vero del tu che dai a tuo figlio, a tua moglie e a tuo marito, del tu che ci diamo tra di noi. 

    Che il significato (o la verità) del mondo e della vita sconvolga totalmente, ecceda totalmente, debordi totalmente i nostri modi di pensare, di misurare, di esigere, di pretendere, coincidendo col Mistero di felicità e di bene che porta un nome perché si è incarnato, è diventato uno fra noi ed è rimasto fra noi!.. il dire ‘Tu’ a questa presenza dovrebbe diventare il bisogno quotidianamente più pressante, l’impeto di rapporto che attraversa, rendendoli diversi, tutti i rapporti; chiunque io sia, comunque io sia, santo o peccatore, mai trascurando che ciò che definisce il nostro essere peccatore è sovranamente, profondamente, globalmente la dimenticanza, che a venti, trenta, quarant’anni, non può essere quella del bambino, che fa quasi tenerezza” (Luigi Giussani, Un mistero di presenza, di perdono e risurrezione, in Tertium Millennium, n. 5, novembre 1997).

    Quando ci è capitato di vederlo accadere di recente davanti ai nostri occhi, tanto da potergli dire “Tu”? Che la prima urgenza del tempo che precede la Pasqua sia questa, non può non riempirci di tenerezza verso noi stessi. Solo così è possibile cogliere fino in fondo l’invito del Papa a recuperare il gusto per l’ascolto: “È un Dio coinvolgente, che oggi raggiunge anche noi coi pensieri che fanno vibrare il suo cuore. Per questo, l’ascolto della Parola nella liturgia ci educa a un ascolto più vero della realtà” (Leone XIV, Messaggio per la Quaresima 2026).

    La dimenticanza e la distrazione hanno come alleata l’astrazione. Tutto svanisce nei discorsi, nei concetti e nelle elucubrazioni, persino le cose più decisive. Dio, invece, agisce e viene al nostro incontro attraverso le trame del reale. Abbattere la barriera che spesso ostacola in noi quel dialogo serrato che il Creatore ha voluto tra il nostro cuore e la realtà, diventa la domanda più radicale per non perderci il meglio della vita. Barriera che prende rapidamente la forma di un soldato armato e violento contro il nemico più scontato: l’altro.

    Il Papa rilancia proprio su questo il suo invito radicale per vivere con frutto questo tempo: “Vorrei invitarvi a una forma di astensione molto concreta e spesso poco apprezzata, cioè quella dalle parole che percuotono e feriscono il nostro prossimo. Cominciamo a disarmare il linguaggio, rinunciando alle parole taglienti, al giudizio immediato, al parlar male di chi è assente e non può difendersi, alle calunnie. Sforziamoci invece di imparare a misurare le parole e a coltivare la gentilezza: in famiglia, tra gli amici, nei luoghi di lavoro, nei social media, nei dibattiti politici, nei mezzi di comunicazione, nelle comunità cristiane. Allora tante parole di odio lasceranno il posto a parole di speranza e di pace” (ibidem).

    Capiamo subito che non è questione di buona educazione o di gentilezza, ma verifica personale della presenza di quel “Tu” di cui ogni “altro” è immagine. Che scommessa!

  • L'occasion de dire « Tu ».
    Simone Riva

    L'habitude et la distraction sont les principales armes qui nous font oublier le Mystère de Dieu. Que le Carême soit le moment de se souvenir du « Tu » le plus vrai de tous.

    Si, l'espace d'un instant, nous surmontons le risque de l'habitude, typique des choses qui se répètent et de notre distraction, si nous accordons aux mots les plus vrais leur juste importance, si nous regardons le besoin le plus radical que nous gardons en nous, nous ne pouvons pas laisser passer l'occasion que représente le prochain Carême. Le pape Léon, dans son Message pour le Carême 2026, l'a défini comme le temps pour « remettre le mystère de Dieu au centre de notre vie ».

    Pour remettre le mystère de Dieu au centre, il faut qu'il ait déjà occupé cette place en nous. Nous pouvons le vérifier en quelques instants, car lorsqu'Il est au centre, c'est-à-dire lorsque la grâce de sa présence se manifeste devant nos yeux, les choses prennent une tournure inespérée et deviennent d'une intensité incomparable.

    Le Carême devient ainsi le moment propice pour accomplir avant tout un exercice de mémoire, formidable antidote contre le poison de l'oubli. « Comme ce « Tu » est rare dans notre discours quotidien, ce « Tu » qui est plus profondément vrai que le « tu » que tu donnes à ton fils, à ta femme et à ton mari, que le « tu » que nous nous donnons entre nous.

    Que le sens (ou la vérité) du monde et de la vie bouleverse totalement, dépasse totalement, déborde totalement nos façons de penser, de mesurer, d'exiger, de prétendre, coïncidant avec le Mystère de bonheur et de bien qui porte un nom parce qu'il s'est incarné, est devenu l'un de nous et est resté parmi nous ! dire « Tu » à cette présence devrait devenir le besoin quotidien le plus pressant, l'élan relationnel qui traverse, en les rendant différentes, toutes les relations ; qui que je sois, quel que soit mon état, saint ou pécheur, sans jamais oublier que ce qui définit notre être pécheur est souverainement, profondément, globalement l'oubli, qui à vingt, trente, quarante ans, ne peut être celui de l'enfant, qui suscite presque la tendresse » (Luigi Giussani, Un mystère de présence, de pardon et de résurrection, dans Tertium Millennium, n° 5, novembre 1997).

    Quand nous avons vu cela se produire récemment sous nos yeux, au point de pouvoir lui dire « Toi » ? Que la première urgence de la période qui précède Pâques soit celle-ci ne peut que nous remplir de tendresse envers nous-mêmes. C'est seulement ainsi qu'il est possible de saisir pleinement l'invitation du Pape à retrouver le goût de l'écoute : « C'est un Dieu engageant, qui nous touche aujourd'hui aussi avec les pensées qui font vibrer son cœur. C'est pourquoi l'écoute de la Parole dans la liturgie nous éduque à une écoute plus authentique de la réalité » (Léon XIV, Message pour le Carême 2026).

    L'oubli et la distraction ont pour alliée l'abstraction. Tout s'évanouit dans les discours, les concepts et les élucubrations, même les choses les plus décisives. Dieu, en revanche, agit et vient à notre rencontre à travers les trames du réel. Abattre la barrière qui fait souvent obstacle en nous à ce dialogue intense que le Créateur a voulu entre notre cœur et la réalité devient la question la plus radicale pour ne pas perdre le meilleur de la vie. Une barrière qui prend rapidement la forme d'un soldat armé et violent contre l'ennemi le plus évident : l'autre.

    C'est précisément sur ce point que le Pape relance son invitation radicale à vivre cette période de manière fructueuse : « Je voudrais vous inviter à une forme d'abstention très concrète et souvent peu appréciée, celle des paroles qui frappent et blessent notre prochain. Commençons par désarmer le langage, en renonçant aux mots tranchants, au jugement immédiat, aux propos méchants sur ceux qui sont absents et ne peuvent se défendre, aux calomnies. Efforçons-nous plutôt d'apprendre à mesurer nos paroles et à cultiver la gentillesse : dans la famille, entre amis, sur le lieu de travail, sur les réseaux sociaux, dans les débats politiques, dans les médias, dans les communautés chrétiennes. Alors, tant de paroles de haine laisseront place à des paroles d'espoir et de paix » (ibidem).

    Nous comprenons immédiatement qu'il ne s'agit pas d'une question de bonnes manières ou de gentillesse, mais d'une vérification personnelle de la présence de ce « Tu » dont chaque « autre » est l'image. Quel pari !

Simone Riva

Don Simone Riva, born in 1982, is an Italian Catholic priest ordained in 2008. He serves as parochial vicar in Monza and teaches religion. Influenced by experiences in Peru, Riva authors books, maintains an active social media presence, and participates in religious discussions. He's known for engaging youth and connecting faith with contemporary

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